SOMBRAS DE MUJERES

SOMBRAS DE MUJERES

Sombras de mujeres –tercer y último libro que publica en vida, en 1929, el escritor paceño Alberto de Villegas– se da, en la mayoría de los casos, lo que podríamos llamar un homenaje a destinos extremos, intensos, de mujeres muy conocidas en la historia, en la literatura, en la religión. De la Colonia americana aparecen Santa Rosa de Lima, la Perricholi y doña Catalina de Erauso (la Monja Alférez). Santa Teresa de Lisieux y Carlota, la Emperatriz de México, son las sombras de la era republicana, del siglo XIX. Y las otras, las contemporáneas al autor, desfilan en estas páginas –bellas y talentosas algunas, acabadas y sombrías otras: las europeas, María Bashkirtse y Renée Vivien; la chilena en París, Teresa Willms Montt; la norteamericana en París, Isadora Duncan; las bolivianas sombrías, Soledad (Adela Zamudio) y Doña Margarita Córdova y Belzu de Dorado. Mujeres libres, osadas, aventureras, santas, que vivieron la vida con intensidad, muriendo algunas de ellas muy jóvenes. Aquí orbita la fascinación por el destino trunco, por la belleza y la osadía vital cortadas trágicamente por la muerte.

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